Por qué subo a Monserrate
Siempre se sufre. Cada escalón cuesta. Por más veces que uno suba. Nunca se sale incólume. Pero arriba siempre hay una recompensa inefable. El misterio opera. Porque es, ante todo, un ejercicio brutal de lucha contra el ego. A veces, el ego se insufla: ‘Ah, logré pasar a esta persona que va muy lente, yo soy muy fuertee’. Después, el ego se entristece: ‘Me siento mal, soy pésimo, estoy más gordo, no he logrado superar mi récord personal’. Pero, luego, en ciertos momentos preciados ——ya sea por el cansancio, la respiración pesada, el jadeo, la simple concentración en el caminar subiendo—— el ego deja de mandar la parada, y, ahí, en esos instantes, ocurre una maravillosa sintonización entre cuerpo-mente-espíritu y montaña. Pueda que sean unos escasos microsegundos pero ahí está todo. Subir es, en últimas, un vehículo para generar las condiciones físicas y energéticas ——muy arduas, entre otras cosas—— para lograr entre en el registro de ese fluir sagrado . ...