A propósito de la Diosa Madre descrita por Cashford y Baring
Resignificamos nuestro pasado en el futuro. Entendemos quiénes hemos sido miles de años antes en la medida en que logramos profundizar en los patrones y estructuras de nuestro pensamiento de ese entonces. Hace cien años no teníamos para nada claro cómo era nuestra vida hace más de veinte mil años cuando cazábamos mamuts. Con los hallazgos recientes —y sobre todo las reflexiones profundas de patrones de imágenes, como el adelantado por el inigualable trabajo de Cashford y Baring, que podría ser para mí el libro clave en las ciencias sociales en los últimos cuarenta años— podemos apreciar mucho mejor lo que une con eso que fuimos, y que seguimos siendo, y podemos recordar que pertenecemos a la vida entendida como un Todo.
Lo más poderoso —y lo que al final nos remite al presente y a nuestra tarea en nuestra generación— es saber que en lo más profundo de nuestro inconsciente colectivo sigue aún vigente la imagen de la Madre Diosa, por más que las hayamos marginado a través de siglos de patriarcado, Estado, razón técnica orientada al control y desacralización de la Naturaleza, y que justamente el inminente desafío es recuperar, actualizar y poner de presente de nuevo dicha imagen sagrada para que ésta sirva de base en nuestra resignificación de la relación que como humanidad tenemos con el resto de la Vida.
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