Correr en la montaña


El cuerpo sudoroso y embarrado

El corazón a punto de explotar

Se despierta el animal que hay en mí

El “orden” de lo moderno va quedando atrás.

Simplemente corro por montañas y praderas

Oigo el llamado profundo de los lobos y los cuervos

Las palabras y conceptos ceden a la piel y el instinto.

Jadeo -

Gruño.

Entierro la uña, aprieto el estómago, intento no desfallecer.


Y, ahí, en ese límite, la siento: La fiera-madre, la boa-omnívora.

Me come la carroña que ya no es esencial.

Me monta brutalmente.

Ya no le temo. 

Aprendí que la huida es absurda. Que el quid está en el aguante:

Estar ahí, al lado de su fuego, acompañando la Gestación de la Vida, desnudo, vulnerable, haciendo el trabajo desde el cuerpo. Nada más.


Trueno, selva, flautas, noche, luna.

Corro. El gavilán me observa. La abeja me ignora. Respiro.

Cruzo las quebradas.

Diviso el pueblo a lo lejos.

Hay que volver.

¿Cómo mantener ese otro-registro en la vida “normal”?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nuestra partitura dentro de la sinfonía cósmica

What I talk about when I talk about running

Caminantes