No hay afuera porque todos estamos Adentro

Ver el mundo como un todo. 

Vernos a todos aportando al equilibrio de la tierra. 

No hay afuera – porque todos estamos adentro viajando en esta maravillosa nave que es la Tierra. 

    Todos, con nuestra respiración, 

                    con nuestros movimientos, 

                         con nuestras vibraciones, 

                            con nuestras conciencias contribuimos a su                                 

                            armonía. 


            Es algo que es a la vez físico y sutil, cuántico y cósmico, de                la materia y del espíritu. Las ballenas que están en este                     momento chapaleando y respirando en el Mar Pacífico en las                    costas chocoanas, los yarumos que están produciendo                         oxígeno en las montañas de la cordillera central, los                        Mamos que están pensando en las Kankuruas de                                Chemesquemena, Momo, que me mira en mi estudio con                         sus ojos tiernos, el árbol de mangostino que acaba                                     de dar sus frutos en Apulo. 

Sin distingo alguno, todos estamos conectados por una red que ——si prestamos atención—— realmente no es tan invisible como pareciera. 

                            Es solo cuestión de foco

                            De dejar la mente controladora a un lado y permitirnos, a través de distintas prácticas como la respiración, el yoga, la danza, entre otras, entrar en el flujo de la vida cósmica. 


Ese otro registro es El cielo, La paz, El paraíso, y están acá y ahora todo el tiempo y para siempre. 

Es en ese pliegue, más propio del mito, del Kairos, del sueño, el que nos permite estar con todos nuestros seres queridos, ancestros humanos y más que humanos que siguen acá, porque, de nuevo, todos pertenecemos. 

Nuestra alma, nuestro corazón, ansían ese retorno, volver a esa Unidad. Eso es lo que nos dicen los sufís. Lo que pasa es que en el camino nos vamos confundiendo, olvidamos, empezamos a crear otro tipo de estructuras mentales y otro tipo de objetos de deseo. 

El camino de regreso a casa es desandar los pasos y volver al origen, que básicamente es volver a nuestro corazón, que es donde se aloja todo lo divino. Por eso no hay adentro ni afuera. Todo ES. Respiro. Inhalo toda la vida. La Tierra está en mí, nos dice Thay. Exhalo, me hago parte de la Tierra, Yo estoy en ella. 


Solo en ese sencillo movimiento está todo. La cuestión es tener la capacidad para volver siempre a este. Y que nuestros pensamientos y acciones se correspondan con esta.

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